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Metodología ‘otra’ en la investigación social, humana y educativa. El hacer decolonial como proceso decolonizante

 

 

Alexander Ortiz Ocaña[1]

María Isabel Arias López[2]

Zaira Pedrozo Conedo[3]

 

 

 

Resumen

Desde la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días han venido proliferando varias metodologías de investigación cualitativa: etnografía, fenomenología, etnometodología, teoría fundada, interaccionismo simbólico, etnografía crítica, investigación configuracional, entre otras novedosas propuestas. No obstante, estas propuestas investigativas son insuficientes y no garantizan el desarrollo de un verdadero proceso decolonizante, ya que a través de ellas no es posible conocer las características de sujetos y procesos sólo por el hecho de tener un breve encuentro con ellos. En este artículo reflexionamos sobre las concepciones epistemológicas y prácticas investigativas tradicionales y las emergentes. Esbozamos algunas ideas de las bases y rasgos caracterológicos de lo que hemos denominado Hacer Decolonial. Analizamos el por qué y para qué una metodología “otra”, así como la necesidad de transitar hacia un proceso decolonizante. Establecemosla relación entre autodecolonialidad y conversar alterativo. Finalmente, proponemos el hacer decolonial como proceso decolonizante, desarrollado mediante criterios/principios/acciones/huellas: observarcomunal, conversar alterativo y reflexionar configurativo.

Palabras clave: Autodecolonialidad, conversar comunal, hacer decolonial, metodología “otra”, metodologías de investigación cualitativa, proceso decolonizante.

 

Abstract

Since the second half of the twentieth century and to the present day have been proliferating various qualitative research methodologies: ethnography, phenomenology, ethnomethodology, founded theory, symbolic interactionism, critical ethnography, configurational research, among other innovative proposals. However, these proposed research are insufficient and not guarantee the development of a real decolonizing process, since through them not is possible know the features of subject and processes only by the made of have a brief meeting with them. In this article we reflect on them conceptions epistemological and practices research traditional and the emerging. We outlined some ideas of the bases and characterologic traits of what we called Making Decolonial. We look at the why and what methodology "other", as well as the need to move towards a decolonizing process. We establish the relationship between Self-decoliniality and decolonial converse. Finally, we propose making decolonial as process decolonizing, developed by means of criteria/principles/actions/traces: observe decolonial, affective converse and configurative reflect.

 

Key words: Self-decoliniality, decolonial converse, making decolonial, methodology "other", methodologies of qualitative research, decolonizing process.

 

 

 

Citar este artículo (APA):

Ortiz Acaña, A., Arias López, M. I. y Pedrozo Conedo, Z. (2018). Metodología ‘otra’ en la investigación social, humana y educativa. El hacer decolonial como proceso decolonizante. Revista FAIA, 7 (30), 172-200.

 

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Introducción

Cuando hablamos de investigación, es necesario tener en cuenta desde qué posición estamos hablando, ya que podemos hablar desde el investigador o desde el investigado. No es un secreto que la noción de 'investigación' es eurocéntrica, es un concepto muy ligado a la conquista europea, nos llegó desde la invasión y saqueo de las tierras de Abya Yala en 1492. De ahí que el término investigación está ligado de manera indisociable al imperialismo y al colonialismo de Europa, y prolifera en nuestros días mediante la colonialidad epistémica y epistemológica.

No es lo mismo hablar de investigación desde la óptica del investigador y colonizador, que hablar de investigación desde la mirada del investigado y colonizado. Toda metodología de la investigación es colonizante. Todo investigador es colonizador. Desde la perspectiva del colonizado, “la palabra investigación es probablemente una de las palabras más sucias en el vocabulario del mundo indígena” (Smith, 1999, p.1). La investigación fue asumida en/desde Abya Yala como un proceso deshumanizante, un conjunto de acciones colonizantes que causaron dolor y sufrimiento.

El imperialismo, el capitalismo y el colonialismo, constituyen la tríada que han configurado la investigación como mecanismo de dominio, regulación y control, mediante la creación de nociones autoritarias que devienen en argumentos para manipular, doblegar y obligar, como son los conceptos de objetividad, verdad y realidad externa. Algunos académicos e intelectuales de Occidente, personalidades eurocentradas, así como las instituciones, patrocinadas por el Estado, regulan, controlan y colonizan mediante el establecimiento de reglas formales y normas universales para gestionar la ciencia y la academia, mediante paradigmas científicos impuestos y a través de metodologías rígidas y dogmáticas, cuyo resultado es la colonialidad científica.

Son estas mismas configuraciones de colonialidad las que regulan la perspectiva convencional del mundo como un modo de subalternizar culturas. Se necesita una forma de vida que brinde oportunidades de emancipación a los subalternizados, interpelando con los paradigmas establecidos dominantes,  proponiendo diálogos epistémicos pluriversales, sin intentar imponerse de forma dogmática, sin adoctrinamientos, ni dominación. Se trata de identificar que nuestras formas de pensamientos proceden de un proceso colonizante permeado por la incapacidad de pensar y actuar conforme a nuestras necesidades, intereses y preferencias.

Los modelos de gestión de la ciencia, los programas académicos universitarios y los medios de comunicación contribuyen a establecer configuraciones sígnicas ideológicas que proliferan y se instauran en el vivir cotidiano, configurando así la colonialidad de la ciencia y la investigación científica.Es por ello que se requiere desplegar un proceso decolonizante[4] de las metodologías de la investigación, transitar hacia una no-metodología de la investigación y configurar nuevas formas de hacer ciencia antroposocial, reinventar la investigación social y humana, y proponer nuevas prácticas investigativas que no colonicen al investigado, que no conviertan al investigador en un colonizador.

Hoy es un imperativo reflexionar sobre cómo hacemos ciencia, cómo investigamos, problematizar y cuestionar nuestras propias prácticas investigativas, nuestras creencias epistémicas, y reconocer con humildad que nuestras concepciones epistemológicas metodológicas no constituyen un sistema de reglas, no son una configuración normativa, no representan un saber universal, no constituyen una verdad absoluta.

Las metodologías cualitativas actualmente tratan de subsistir en una época de incertidumbre global. Son el David que lucha incesantemente contra el gigante Goliat (la ciencia establecida). Cheek (2006) y Torrance (2006) destacan las acciones que despliegan las agencias del gobierno de Australia y Reino Unido con la finalidad de regular la investigación científica mediante la definición de las bases de la ciencia considerada correcta.

En la actualidad proliferan nuevos estándares y normas “universales” para el diseño de la investigación, así como la confiabilidad y validez del proceso investigativo.Según Pring (2004) y Thomas (2004), la investigación basada en la evidencia se ha puesto de moda, aunque sus autores no reconocen que el acto mismo de algunas investigaciones de etiquetado como "basada en la evidencia" implica que algunas investigaciones no requieren demostrar ninguna evidencia, sino una profunda postura ideopolítica y decididamente no objetiva.

A partir de lo anterior, muchos académicos e intelectuales comprometidos con los subalternos y colonizados estamos configurando vínculos profesionales encaminados a deconstruir, reconfigurar y decolonizarlas formas tradicionales de hacer ciencia. Hoy estamos aprendiendo a desmontar, desmantelar y desconfigurar la ciencia establecida e impuesta, estamos develando la máscara del paradigma dominante y vigente. Ya hemos aprendido que la investigación siempre es ética, moral, político e ideológica, comprometida socialmente. En este sentido, Lincoln y Cannella (2004a, 2004b) señalan que en muchas ocasiones los conocimientos generados por múltiples epistemologías y metodologías, no son realmente conocimientos verdaderos y válidos. Estos autores argumentan que solo deben ser considerados válidos, pertinentes y verdaderos aquellos conocimientos que promueven  una política, legislación y práctica sensibles a las necesidades sociales.Asimismo, Smith (1999, 2000, 2005, 2006, 2016), y Solórzano y Yosso (2001) han esbozado reflexiones importantes encaminadas a decolonizar las metodologías de la investigación. En este contexto surgen las metodologías de la investigación cualitativa(Goetz & LeCompte, 1988; Sandín, 2003; González, 1997, 2007; Galeano, 2009; Bautista, 2011; Denzin & Lincoln, 2012a, 2012b, 2013a, 2013b, 2014; Álvarez-Gayou, 2014, Díaz-Barriga & Luna, 2014), la etnometodología (Goffman, 1981; Coulon, 1988, 1995, Garfinkel, 2006), la teoría fundada (Strauss & Corbin, 2002), el interaccionismo simbólico (Blumer, 1982), la etnografía crítica (McCarthy, 2005), la investigación configuracional (Ortiz, 2015), entre otras novedosas propuestas.

No obstante, estas propuestas investigativas son insuficientes y no garantizan el desarrollo de un verdadero proceso decolonizante, ya que a través de ellas no es posible conocer las características de sujetos o procesos sólo por el hecho de tener un breve encuentro con ellos. Precisamente, en este artículo reflexionamos sobre las concepciones epistemológicas y prácticas investigativas tradicionales y las emergentes. Esbozamos algunas ideas de las bases y rasgos caracterológicos de lo que hemos denominado Hacer Decolonial. Analizamos el por qué y para qué una metodología “otra”, así como la necesidad de transitar hacia un proceso decolonizante. Establecemosla relación entre autodecolonialidad y conversar alterativo. Finalmente, proponemos el hacer decolonial como proceso decolonizante, desarrollado mediante las acciones y huellas del observar comunal, el conversar alterativo y el reflexionar configurativo.

 

  1. 1.                  Por qué y para qué una metodología “otra”

En la década de los años 60, asistimos a una amplia y profunda discusión epistemológica sobre el estatuto científico de las metodologías emergentes. La ciencia cuantitativa cuestionó con fuerza el carácter científico de las metodologías cualitativas. Los métodos cualitativos fueron relegados a un segundo plano, no científico, entendiendo que no garantizaban la objetividad del proceso de investigación. Sin embargo, la ciencia cualitativa se sentía orgullosa de sus bondades: humanismo, comprensión, transformación. El enfoque histórico hermenéutico enarbolaba las banderas de la interpretación y la subjetividad.

Battiste (2000) afirma que mientras estos dos enfoques luchaban por encontrar una posición en la cúspide científica, los pueblos indígenas eran sometidos a los autoritarismos de ambas perspectivas. De esta manera, ambas metodologías, tanto la cuantitativa como la cualitativa, se convertían en tendencias y corrientes colonizadoras, promoviendo el desarrollo de un proceso de investigación colonizante. Así emergió la colonialidad epistemológica, epistémica y metodológica.

Es lamentable que la investigación cualitativa pretenda asumir la denominación de científica, convirtiéndose en una metodología que busca el poder y la verdad, convirtiéndose así en una metodología colonizadora, que genera un conocimiento colonial, subalternizando otros saberes. La etnografía, la teoría fundada, la etnometodología, la observación, la entrevista, entre otras formas de hacer ciencia cualitativa, son métodos y técnicas colonizadoras. Aunque declaran una actuación desde lo emic, dándole la voz a los sujetos investigados, en realidad el investigador cualitativo tiene la última palabra, actúa desde lo etic, oculta la voz de los otros bajo la fuerza de su propia voz, lo emic queda sepultado en lo etic, se produce un traslapamiento de las voces de los actores por la voz del investigador, lo emic queda solapado en lo etic.

No solo la investigación cuantitativa, generada desde un enfoque empírico analítico, es colonizadora. La investigación cualitativa también es colonizante. Al pretenderse científica, imita determinados rasgos y características de la ciencia moderna/colonial, y se cree con el derecho de proporcionar el cimiento de las configuraciones psicosociales del sujeto investigado. El “otro” es colonizado, queda representado por el investigador, quien se convierte en un colonizador, cercenando así las más nobles aspiraciones del ser humano de vivir en una sociedad más justa y equitativa. Es preciso eliminar la tara colonial que enmarca los vestigios concomitantes de la mirada científica; fundada en los límites de nuestra visión que debería ser holística, sistémica, compleja y configuracional.

La utopía de configurar una sociedad libre y democrática exige a la ciencia y a los procesos investigativos que se interesen, preocupen y ocupen de los anhelos, aspiraciones, esperanzas, metas, necesidades y sueños humanos. ¿Qué sentido tendría la ciencia si no está encaminada a configurar la felicidad, la paz, la armonía, la seguridad y el vivir pleno de todos y cada uno de los seres humanos de nuestro planeta? Esta intención no es lograble utilizando las metodologías cuantitativas ni las metodologías cualitativas. Se necesita una metodología “otra” que propicie un proceso investigativo decolonizante.

Mignolo (2000) define el «paradigma otro» como la heterogeneidad en las formas de pensar críticamente la realidad colonial. Habla de una "paradigma otro"; no un paradigma nuevo ni un paradigma emergente, que supere a los paradigmas anteriores. Se refiere a un paradigma que facilite una narrativa en clave decolonial, que tenga en cuenta las historias coloniales solapadas, la diferencia colonial, las historias locales cuyo potencial epistémico y epistemológico ha sido ocultado, negado o ignorado.

Con la noción de “paradigma otro” se busca configurar una mirada no lineal de los paradigmas; se busca eliminar la idea moderna/colonial de que los paradigmas se suceden uno a los otros, superando y reemplazando a los anteriores. El “paradigma otro” reconoce la diferencia colonial que caracteriza la ontología de nuestro vivir cotidiano, es decir reconoce la diversidad como proceso emancipatorio de los pueblos, que permita la decolonialidad de las identidades fraccionadas.

Desde esta perspectiva, una metodología “otra” no se refiere a un conjunto de técnicas científicas o a un nuevo método universal que pretende ser la panacea o el camino verdadero que supera a todas las formas de investigar previamente existentes. La metodología “otra” es otra opción, tan válida como las existentes. Es una opción decolonial, que configura una nueva narrativa, un nuevo discurso, una nueva forma de pensar y de hacer ciencia, que se diferenciade -y es incompatible con- los métodos cuantitativos y cualitativos configurados por los enfoques y paradigmas modernos.

Las perspectivas empírico-analítica, histórico-hermenéutica y sociocrítica, no son ajenas a la investigación decolonizante, pero no constituyen un referente para la validez, confiabilidad y legitimidad epistémica. El proceso decolonizante es una necesidad de reconocimiento, de visibilización, de autovaloracióna nivel epistémico, epistemológico, ético y político, sobre todo para las ciencias sociales de Abya Yala. Esto ha sido refrendado por Mignolo (2000) al invitarnos a cambiar no sólo los contenidos de los términos, sino también los propios términos y las condiciones de nuestro discurso. Asimismo, Escobar (2003) puntualiza que el principal propósito es “labrar nuevas formas de análisis, no contribuir a los ya establecidossistemas de pensamiento (eurocéntrico), sin importar cuán críticossean éstos” (p. 70).

Por otro lado, Semali y Kincheloe (1999), y Mutua y Swadener (2004) alertan que es necesario decolonizar y deconstruir las estructuras epistemológicas y metodológicas dentro de la academia occidental eurocentrada, ya que los sistemas de conocimiento occidental y sus epistemologías se han generalizado y son considerados como universales, sin serlo.

Mientras más universal se pretenda un saber, menos válido y verdadero es. Mientras más local es un saber, más verdadero es. El saber es más verdadero mientras más situado está y más se relaciona con las biopraxis humanas[5] individuales y particulares.Solo podrá actuar con espíritu decolonizante el investigador que sea miembro del grupo investigado. Si el investigador no es miembro del grupo investigado es muy difícil que pueda desplegar una práctica decolonizante, porque no está imbuido de su realidad, de sus reflexiones, de sus relaciones, accionares, sentires, sueños, deseos, tradiciones, costumbres y valores. Es decir, no constituye una voz de/en/para la comunidad. Para lograrlo tendría que ejecutar acciones que no le permitan convertirse en un colonizador, es decir, tendría que desarrollar un proceso decolonizante.

 

  1. 2.                  Hacia un proceso decolonizante

No son pocos los intentos que se han realizado para configurar propuestas de investigación decolonizante. Conocemos la invitación pionera de Smith(2016),exhortándonos adecolonizarlas metodologías, así como diversas tesis de maestrías y de doctorado desarrolladas en universidades latinoamericanas y europeas (Bustamante & Vargas, 2010; Arguello & Perea, 2014; Díaz, 2015).No obstante, estos valiosos intentos se estancan en el diseño de modelos de investigación de las prácticas pedagógicas decoloniales en la educación superior latinoamericana y la formulación de alternativas curriculares en educación superior, que constituyen derroteros posibles hacia la decolonialidad de la universidad, pero no hacen propuestas epistemológicas concretas, configuradas solamente desde y para lo decolonial, sino que aplican criterios convencionales y tradicionales de investigación, criterios paralelos o cuasi-fundacionales, pero no aplican criterios propios de autenticidad decolonial ni criterios emergentes para un mundo transmoderno. Incluso la propuesta de Santos (2010) para decolonizar el saber y reinventar el poder, y la propuesta de Smith (2016) para decolonizarlas metodologías, se quedan en el plano de las intenciones, aspiraciones y propósitos. No abordan la configuración metodológica del proceso decolonial.

Esta configuración teleológica debe dinamizarse y moverse al plano metodológico, a la cuestión del cómo y con qué, y no sólo el para qué. En este sentido, Díaz(2015) ofrece narrativas híbridas decoloniales de mujeres colombianas migradas/residentes en Valencia; proceso en el cual la investigadora interpreta fenómenos narrados y ofrece la posibilidad de que las participantes presenten aportes desde su perspectiva, pero no hace una propuesta metodológica holística para configurar un proceso decolonizante, mediante un conversar, un observar y un reflexionar decoloniales, que sea verdaderamente un proceso indisciplinado, de frontera; una no-metodología.Asimismo, CastroyGrosfoguel(2007), sustentados en el giro decolonial, hacen reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, y RestrepoyRojas (2010), asumen la inflexión decolonial y caracterizan sus fuentes y conceptos, incluso hacen cuestionamientos interesantes. Sin embargo, ambas propuestas se configuran desde una mirada teleológica, y no emergen las propuestas metodológicas decoloniales.

A pesar de lo expresado anteriormente, hemos encontrado algunas concepciones interesantes que hacen la apuesta por otras epistemologías posibles, desde una mirada decolonial (Zelaya, 2013), sin desconocer los límites de la investigación decolonial (Puentes, 2015). Este autor hace poco finalizó la escritura de una tesis de maestría. Antes de comenzar su investigación tenía la idea de hacerla bajo una aproximación decolonial. Realizando una revisión bibliográfica para armar el “marco teórico” de la tesis, se encontró con el hecho de que la mayoría de las investigaciones y escritos del colectivo autodenominado Modernidad/Colonialidad/Decolonialidad (Escobar, 2003) se basan en una profunda reflexión teórica y epistémica,  pero no cuestionan, problematizan ni proponen metodologías para investigar y hacer trabajos de campo.

Puentes (2015) siempre pensó que “regalarle los análisis y estudios sobre metodologías a investigadores/as de derecha y a un positivismo ramplón y matematizante (que impera en la sociología y ciencia política contemporánea), es hacerle un flaco favor a todas aquellas personas/movimientos que están intentando dejar de ser subalternos/as y que quieren o se encuentran en procesos de descolonización” (p. 1). Ante este panorama, recurrió a la lectura del “canon” de los estudios poscoloniales, los cuales le dieron algunas pistas para comenzar a entablar un diálogo entre reflexiones teóricas y metodológicas.

Por otro lado, las investigaciones de Suárez (2011) transitan hacia metodologías de investigación descoloniales, que facilitan las reconstrucciones metodológicas y/o metodologías a posteriori, como las denomina Borsani (2014). En esta misma línea discursiva, Haber (2011a, 2011b, 2014) se enfrasca en la configuración de metodologías decoloniales, basadas en una anatomía disciplinaria, que caracteriza la no-metodología o arqueología indisciplinada. Estas notas de metodología indisciplinada están muy cerca de lo que estamos pensando cuando reflexionamos sobre la urgencia de decolonizar las metodologías de la investigación social, humana y educativa. Se acercan, pero no llegan a dónde nosotros pretendemos y necesitamos llegar: la decolonialidad epistémica, epistemológica y metodológica. Es preciso dar un paso más: develar la esencia de un proceso decolonizante, sus criterios/principios/acciones/huellas. Su propuesta, aunque extraordinariamente valiosa, no es suficiente, porque es conservadora, por mantener intactos los conceptos de la tradición positivista colonizadora. Parafraseando a Mignolo (2007), cambia el contenido de los términos, pero queda atrapado en las redes conceptuales de las nociones convencionales. No da el paso final de modificar no sólo el contenido de los términos sino modificar también los propios términos. Entonces, al proponer una metodología indisciplinada, ésta sigue siendo una metodología, aunque se configure desde la idea del desprendimiento. Y toda metodología, por su propia esencia ontológica, es colonizante.De ahí que, para decolonizar las prácticas investigativas, sea necesario situar la investigación en un contexto cultural más amplio y hacer la autocrítica desde dentro del mismo proceso de investigación, reconociendo a cada sujeto participante como el otro-yo, dialogando afectivamente entre iguales y reflexionando desde una perspectiva holística e integradora. El proceso decolonizante debe ser ético, respetuoso, sociable, solidario y útil. Decolonizar la investigación implica no sólo investigar desde metodologías “otras”, sino también cuestionar el contenido de dicha noción y cuestionar incluso el propio término. Implica develar otras formas de hacer ciencia sin subalternizar, sin dominar las acciones humanas ni los ideales de una comunidad. Implica vivir en/por/para la propia comunidad que pretende decolonizarse. Es por ello que todo proceso decolonizante es una autodecolonización.

El proceso decolonizante debe ser guiado por principios democráticos. Debe estar implicadodialógicamente con la comunidad participante, respetar la autonomía cultural y el derecho a la autodeterminación. Debe ser honesto y orientarse a cumplir objetivos equidad, dignidad y justicia social. Debe estar encaminado a satisfacer las necesidades de los actores participantes. No debe limitarse solamente a un enfoque científico, paradigma epistemológico o estrategia metodológica. Debe  ser armónico y coherente, pero puede combinar modalidades investigativas, métodos y técnicas. Debe ser creativo, crítico, reflexivo, disruptivo y configuracional.

El proceso decolonizante no es neutro. Todo proceso decolonizante es político e ideológico. El actor decolonial debe actuar de tal manera que su hacer cotidiano beneficie a la comunidad participante y promueva la autonomía de todos y cada uno de los implicados, teniendo en cuenta discursos colectivos, entendiendo las diferentes dimensiones de un mismo fenómeno y las dificultades para coincidir en sus puntos de vista.La investigación desde la perspectiva de la decolonialidad debe convertirse en un espacio para el conversar alterativo, un conversar entre iguales, libre y espontáneo, sin a prioris, sin supuestos, sin condiciones ni expectativas, sin exigencias. El proceso decolonizante debe conversar de manera crítica y reflexiva sobre las clases, comunidad, democracia, equidad, estado-nación, género, globalización, justicia social, libertad y raza, entre otras configuraciones heurísticas que hoy dinamizan el sentir-pensar humano.

Es importante que el proyecto decolonizador incluya dentro de sus objetos de estudio a los paradigmas y enfoques de la ciencia clásica moderna/capitalista/colonial y haga una contundente crítica a los sistemas occidentales y eurocéntricos de conocimiento. La epistemología decolonial implica investigar a la investigación sustentada en el paradigma clásico dominante. El hacer decolonial exige dejar ir. Debemos desengancharnos de -y dejar ir- los postulados de los enfoques y metodologías tradicionales de la investigación, asumiendo posturas políticas y no sólo epistémicas. En el proceso decolonizante lo político está al servicio de lo epistémico y viceversa. Lo político y lo epistémico son dos caras de la misma moneda. Configuramos la episteme desde posiciones ideopolíticas críticas, liberadoras y emancipatorias, y configuramos la ideología asumiendo opciones epistémicas y epistemológicas decoloniales.

Denzin (2003) afirmaque lo performativo es siempre pedagógico y lo pedagógico es siempre político. En este sentido, el proceso decolonizante debe ser situado y localizado, debe sustentarse en los sentidos y significados específicos que atribuyen los actores participantes a sus prácticas cotidianas, costumbres, tradiciones y hábitos. En el proceso decolonizante, los problemas, intenciones y métodos no deben generalizarse, no deben asumirse como “características universales que son independientes de la historia, contexto y agencia” (Smith, 2000, p. 229).

El proceso decolonizante debe basarse en prácticas performativas en las que prolifere el amar, el respetar, el sensibilizarse, el cuidar, el acompañar, el compartir y el solidarizarse. “Se buscan nuevos regímenes de verdad. Lo que es verdad también deben ser justo y correcto. Lo que es justo se basa en la pedagogía de la bondad, esperanza y amor” (Darder, 2002, p. 32). Es necesario fomentar desde la cienciaactitudes y valores encaminados a configurar “una sociedad más justa, democrática e igualitaria” (Kincheloe & McLaren, 2000, p. 285).

El proceso decolonizante asume una visión holística, configurativa, dialéctica y sistémica del conocimiento. Concibe al ser humano como un agente activo y no como un receptor pasivo, por eso cuestiona las técnicas de la entrevista y la observación, porque son colonizadoras. En el proceso decolonizante no hay un investigador que observa a otros, no hay un investigador que hace entrevistas, más bien hay un mediador que incita al conversar alterativo, un facilitador que promueve el observar colectivo, el co-observar, donde todos nos observamos desarrollando nuestras prácticas. Darder, Baltodano y Torres (2003) señalan que después de Gramsci, se ha hecho un gran énfasis en la crítica de la ideología y el desarrollo de formas de discurso y praxis contra-hegemónicos, así como las teorías de la resistencia que suponen la historicidad del conocimiento.Desde esta mirada, podríamos afirmar con Christians(2002) que la finalidad epistemológica de esta ciencia emergente no es la configuración de nuevos conocimientos, sino asumir propósitos “pedagógicos, políticos, morales y éticos, relacionados con la mejora de la agencia moral, la producción de discernimiento moral, un compromiso con la praxis, la justicia, una ética de la resistencia y una pedagogía performativa que resiste la opresión” (p. 409), estimulando y potenciando el conversar alterativo en función de la autodecolonialidad.

 

  1. 3.                  Autodecolonialidad y conversar decolonial 

Una de las acciones y huellas del proceso decolonizante es el conversar alterativo. Lo único que garantiza un conversar alterativo es no intentar imponer una concepción epistémica o epistemológica, o una razón universal. El argumentar decolonial no coloniza cuando se hace sin supuestos, sin aprioris, sin expectativas, solo a partir de la reflexión afectiva. Para ello ambas partes de la conversación deben reflexionar basados en la misma emoción. Si una de las partes fluye en la emoción del amar y otro fluye en la emoción del odio o resentimiento, entonces no habrá acuerdos ni configuración epistémica. El consenso sólo se logra cuando ambas partes fluyen en la misma emoción: el amar. Esbozar un argumento no es colonizar, cuando lo hacemos soltando nuestras creencias, dejándolas ir,  y entendiendo que el otro también tiene razones epistémicas o doxáticas. En consecuencia, el conversar alterativo es un reflexionar afectivo, basado en el amar, en el respeto, en la solidaridad, pero con honestidad y responsabilidad.

Para que emerja la configuración de la decolonialidad es preciso fluir en el amar, reflexionar y reconocer que el otro también puede tener la razón. Ambas partes debemos fluir en la misma emoción del amar. En este sentido no hay decolonialidad global y holística sin vivir en el amar.Esto indica que debemos continuar configurando las ciencias decoloniales, y transitar hacia una epistemología “otra” que nos permita contribuir a estimular el pensar reflexivo de los actores y las competencias decoloniales requeridas para que desarrollen biopraxis cotidianas encaminadas a decolonizar su propia mente. El problema no es de forma sino de fondo, es sistémico-configurativo. La colonialidad del vivir corre por nuestras venas. Y lo más triste es que a veces nos autocolonizamos, y con ello damos vía libre a la autocolonialidad del pensar, el hacer, el ser y el vivir.

El ser humano disfruta la colonialidad en múltiples facetas del vivir, nos encanta estar colonizados en muchos aspectos, teniendo la posibilidad de acceder a la decolonialidad nos autocolonizamos. Ese proceso de sentirnos y vivir subalternizados lo denominamos autocolonialidad.Nos hemos sumido en una sociedad que vive a expensas del pensamiento del otro, de no actuar por sí mismos, sino convertirnos en copia del otro que creemos original, no somos capaces de crear, proferir, tomar iniciativas, ser autodeterminantes para deshacernos del lastre de la momificación mental, del ser y del hacer.

Más allá de la colonialidad del poder, el saber y el ser hay otras dimensiones de la colonialidad, otras facetas o tipos de colonialidad, que incluso pueden contribuir a la colonialidad epistémica, intelectual o cognitiva, a la colonialidad axiológica y a la colonialidad política. Nos referimos a la colonialidad del vivir. No hay colonialidad del poder, del saber y del ser sin colonialidad del vivir. De ahí que, si queremos lograr la decolonialidad holística (poder, saber y ser) debemos en primera instancia acceder a la decolonialidad del vivir, y esto solo es posible mediante la decolonialidad de la cultura, para lo cual se requiere decolonizar el lenguaje, ya que nuestras configuraciones lingüísticas generan el mundo en que vivimos, nuestros discursos configuran nuestra cultura por medio del conversar. La decolonialidad holística solo es posible mediante la autodecolonialidad. Y en este proceso autodecolonizante el reflexionar configurativo y el conversar alterativo se convierten en acciones liberadoras y edificantes. En fin, reiteramos, el conversar alterativo es un conversar libre y espontáneo, sin supuestos ni expectativas, sin aprioris y sin exigencias, sin intentar imponer nuestra razón como única y universal, sin subalternizar al otro. Es un conversar incluyente, en el que todos tenemos la oportunidad y la posibilidad de decolonizar nuestro vivir por medio de la reflexión.

La única forma de ser decolonial es vivir sin supuestos, sin aprioris, sin expectativas, sin condiciones, sin exigencias.Lo decolonial no es una simple opción, es la única, es una necesidad, una urgencia. La única forma de vivir en plenitud es mediante la acción decolonial.Para todos nosotros los colonizados, estudiosos del proceso colonizante, es la única opción para vivir en plenitud.Ahora bien, no es posible ser colonial/decolonial de manera simultánea. Una condición excluye la otra en las biopraxis humanas. Lo colonial excluye a lo decolonial, y viceversa. Cuando asumimos la decolonialidad no somos colonizantes. Por eso debemos practicar el conversar alterativo y el reflexionar configurativo en nuestro vivir y convivir cotidiano, para decolonizar de manera constante, aprovechando las grietas decoloniales de las que nos habla Walsh (2014).

La investigación cuantitativa es colonizante. La investigación cualitativa también coloniza cuando el investigador no es miembro de la comunidad que participa en el proceso investigativo. No hay nada más colonizante que una entrevista, ya sea semiestructurada o en profundidad. No hay nada más colonizante que una observación, aunque sea participante. Ambas técnicas constituyen procedimientos y acciones colonizantes.

La condición de colonizado se genera a partir de una acción colonizante del colonizador. No hay colonizado sin colonizador. No obstante, en ocasiones nos autocolonizamos. En este caso, utilizamos la noción de autocolonialidad para aquellos seres humanos que sin vivir una relación con otro ser humano colonizador, se autocolonizan, es decir, se convierten en sus propios colonizadores. En esta variante o modalidad de colonialidad, el colonizado y el colonizador son la misma persona. A este proceso colonizante lo hemos denominado Autocolonialidad. 

La autocolonialidad se manifiesta en múltiples dimensiones: epistémica, epistemológica, política, ideológica, praxiológica, lingüística, axiológica, ontológica, entre otras. Es posible, aunque no siempre sucede así, que la autocolonialidad tenga su génesis en un acto colonizante de un colonizador. Más bien pensamos que en múltiples operaciones de nuestro vivir cotidianonos autocolonizamos. La autocolonialidad es una cualidad constitutiva del vivir del ser humano. De una u otra manera, de diversas formas, vivimos la autocolonialidaden diversos actos de nuestro vivir cotidiano. No obstante, es posible la autodecolonialidad. Más aún, es una de las posibles soluciones para la decolonialidad holística. No hay decolonialidad plena y global sin autodecolonialidad.

Nelson Maldonado-Torres ha escrito en inglés lo que él denomina "Bosquejo de diez tesis sobre colonialidad y decolonialidad". Si intentamos encasillar la noción de decolonialidad en tesis, la trivializamos, la convertimos en mercancía, y solo será útil para venderla. La decolonialidad no tiene tesis, ella misma es una tesis, no es un producto, tampoco un resultado, ni puede reducirse a un número. La decolonialidad no es un método de investigación, es un procesoque permite identificar qué tan colonizados estamos y de qué elementos nos podemos apropiar para una reflexión permanente de nuestro hacer cotidiano.

La decolonialidad, en tanto proceso, no debe tener guía orientadora. No hay nada más colonial que la orientación. La decolonialidad es libre, espontánea, y se despliega sin orientaciones, sin supuestos, sin aprioris, sin exigencias, sin expectativas. Orientar es colonizar.Es por ello que el proceso decolonizante debe tener en cuenta el potencial del conversar alterativo y el reflexionar sin supuestos, sin aprioris y sin expectativas, solo desde el propio conversar liberador y el reflexionar edificante.

Los colonizados configuramos la historia y las condiciones en nuestro vivir cotidiano, mediante el amar, el reflexionar configurativo y el conversar alterativo. De esta manera configuramos la autodecolonialidad, sin indicaciones ni orientaciones, porque si seguimos las orientaciones de las tesis entonces el orientador, escritor de tesis, se convierte en colonizador. Por eso la única tesis necesaria es la propia decolonialidad de nuestro vivir. La única orientación auténtica es la configuración de nuestras biopraxis cotidianas, que nos permiten reconocer el carácter situado, histórico y cultural del conocimiento, su carácter contingente, ecológico, holístico, dialéctico, sistémico y configurativo. Las dicotomías y dualismos han sido muy nocivos en la historia de la humanidad y la ciencia: interno – externo, subjetivo – objetivo, mente – cuerpo, biológico – cultural, sujeto – objeto, cualitativo –cuantitativo, izquierda – derecha, ciudad - campo, afectivo – cognitivo, urbano – rural, emocional – racional. En fin, todas las dicotomías y dualismos fragmentadores limitan la comprensión del mundo natural-bio-neuro-psico-socio-cultural.Es por ello que asumimos la noción de pensamiento configuracional (Ortiz & Salcedo, 2014) y la epistemología configurativa (Ortiz, 2015).

Por otro lado, Smith (2000) propone ocho preguntas que todo investigador debe hacerse sobre su proceso y proyecto de investigación, incluyendo los proyectos guiados por la teoría crítica y las metodologías cualitativas:

“1. ¿Qué investigación queremos hacer?

2. ¿Para qué se hace la investigación?

3. ¿Qué diferencia hará?

4. ¿Quién desarrolla el proceso investigativo?

5. ¿Cómo queremos que sea la investigación realizada?

6. ¿Cómo sabremos que vale la pena?

7. ¿Qué aportará la investigación?

8. ¿Quién se beneficia?” (p. 239)

A partir de la reflexión realizada anteriormente, pensamos que el proceso decolonial no debe guiarse por una metodología, hablar de una metodología decolonial es contradictorio en sus propios términos, por cuanto toda metodología es colonizadora. Cuando utilizamos la noción de metodología “otra” nos referimos a un tipo de proceso diferente, cuya esencia es la decolonialidad holística, pero no esun método, no es una metodologíaestructurada por etapas, fases, momentos o pasos. El proceso decolonizante se configura mediante acciones y huellas decoloniales.

No debemos hablar de metodología decolonial, pero si podemos referirnos a los criterios o actividades invariantes de un proceso decolonizante. Las huellas decoloniales son los rastros o vestigios que caracterizan las dinámicas decoloniales, son todas aquellas acciones decolonizantes que van dejando marcas y estampas durante el proceso decolonial, materializadas por medio de las configuraciones praxiológicas decolonizantes, las cuales caracterizan el hacer decolonial como proceso decolonizante.

 

  1. 4.                  El hacer decolonial como proceso decolonizante

Hemos configurado estas reflexiones decolonizantes desde las urgencias y emergencias, para la resistencia, a partir de la desobediencia. Observamos una clara contradicción al utilizar la palabra investigación en propuestas decoloniales. Si es investigación entonces no es decolonial, porque toda investigación tiene rasgos colonizadores. Argumentamos, sustentados en Smith (2016), que la investigación en sí misma es un elemento dominador, por ende, no debemos continuar utilizando el término investigación porque “domina” y “aliena” a la decolonialidad. Es por ello que introducimos la noción de proceso decolonizante, que se configura desde el hacer decolonial cotidiano, mediante huellas y acciones decolonialesconcretas.

El propio término “investigador” es colonizante, y también colonizasu posición dentro del proceso. Más que investigador, en realidad en el tránsito hacia la decolonialidad holística lo que necesitamos es un actor decolonial, una persona amorosa, reflexiva, con un alto grado de desarrollo de su pensamiento configuracional. El actor decolonial, más que investigador, es partícipe de ese proceso.

En la decolonialidad, la ciencia no se hace descubriendo nuevas cosas o conocimientos  nuevos, aquí la ciencia se configura a partir de la visibilización de conocimientos “otros” existentes, válidos, argumentados, sentidos y vividos.Se hace con un sentido de convergencia y de resoluciones afectivas, dinámicas que tengan en cuenta al “otro”, sus ideales, costumbres y acciones; sin la mínima aparición de conflictos producto del envanecimiento epistémico, por creer que tenemos la verdad absoluta y poseemos un conocimiento universal y único.

Las metodologías de investigación cualitativa son los puntos detonantes del proceso reflexivo-decolonial, es decir, constituyen la génesis de la huella decolonial. No podemos descalificarlas, más bien validarlas y darles sentido y significado dentro de la decolonialidad. No debemos subestimar o atacar, debemos valorar lo otro para validar y visibilizar lo “mío”, debemos hablar y actuar en función de lo “nuestro”, lo “propio”. No obstante, en estas metodologías, el investigador, sin quererlo y sin saberlo, se convirtió en colonizador,no supo ir más allá de la frontera establecida por él mismo, es decir, no pudo develar su configuración teleológicadecolonial y, como consecuencia de ello, tanto los métodos como las técnicas y procedimientos fueron insuficientes para la decolonialidad epistémica, epistemológica y metodológica.

Lo que intentamos conceptualizar como “proceso decolonizante”, en realidad es un proceso afectivo-reflexivo-configurativo-comprensivo, por cuanto decolonizar la investigación implica “amar”, “reflexionar”, “cooperar”, “comprender”, contribuir en/con/por/para la propia comunidad.Todo proceso decolonizante es una auto-reflexión configurativa. Y todo actor decolonial debe dejar ver o visibilizar su posición política e ideológica.

Cuestionamos la técnica de la observación tal como la conocemos hoy. Estamos de acuerdo que debemos observar, pero colectivamente,con grupos comunes y diversos, observarnos entre todos, co-observarnos, porque si observa solamente el "investigador", entonces deviene en colonizador. Esto permitirá un enlace con el “otro”, buscando resultados que perpetúen las opciones liberadoras de la subyugación de una sociedad que ha configurado estructuras dominantes para colonizar una generación productora de conocimientos “otros”

Para que la observación como técnica no sea colonizadora, el actor decolonial debe incluir en sus observaciones (observación incluyente) a quienes hacen parte del proceso reflexivo-configuracional-comprensivo-decolonizante. Para poder conversar sobre algo, tiene que observarlo a través de sus ojos, de sus pensamientos, y le asigna sentido y significado a lo que observa, al compartirlo  y conversarlo con el otro-yo. El observador decolonial no puede dejar de ver, es un observar comunal, comprensivo, reflexivo, que incluye al otro y le permite que de igual formaobserve lasbiopraxis del actor decolonial, para que pueda ofrecer del mismo modo su reflexión configurativa y generar un diálogo comprensivo e incluyente.

El desarrollo de un proceso decolonizante exige que una de las acciones imprescindibles sea la decolonialidad del ser, porque cuando el ser esta integralmente configurado en la decolonialidad, el producto de sus pensamientos lo llevan a reflexiones y a argumentos que le permiten generar procesos decoloniales. Todo tiene su génesis en el ser. Mediante éste configuramos, representamos y/o comunicamosnuestro sentir a otros. Primero somos y vivimos, luego hablamos, enseñamos, comunicamos, y posteriormente se generan las conversaciones, reflexiones y argumentos.Esta mirada nos permite retomar las preguntas formuladas por Smith (2000). Esta autora, a pesar de su llamado a decolonizar las metodologías y hacer un cuestionamiento sobre las implicaciones de utilizar la palabra investigación en ambientes ya decolonizados, continúa asumiendo el término, a pesar de que hace una firme crítica a éste. Estamos de acuerdo con su primera posición, pero no con la asunción del término investigación. La autora lo cuestiona pero no lo abandona, no se desprende epistémicamente, no resiste, no desobedece, no se decoloniza de esta noción. Quiere seguirse asumiendo como una investigadora, y continúa utilizando el término investigación para afirmar que, en efecto, lo que hacen los indígenas es investigación. En este sentido se autocoloniza, transita hacia la autocolonialidad conceptual.Una metamorfosis de dichas preguntas podría ser la siguiente:

  • ¿Qué necesitamos amar-reflexionar-configurar-comprender?
  • ¿Para qué hacemos esta reflexión-configuración-comprensión?
  • ¿Qué diferencia hará?
  • ¿Quién desarrollará el proceso decolonizante?
  • ¿Cómo queremos que sea el proceso decolonizante?
  • ¿Cómo sabemos que vale la pena llevarlo a cabo y que es útil para la comunidad?
  • ¿Qué aportará este proceso afectivo-reflexivo-configuracional?
  • ¿Quiénes nos beneficiaremos, cómo y con qué?

Lo decolonial no puede reducirse a una metodología, lo decolonial es mucho más que un método y un conjunto de técnicas y procedimientos; más bien son acciones y huellas decoloniales.

Debemos desprendernos, como dice Mignolo (2007), no solo de los contenidos de los términos, sino de los propios términos, debemos crear nuevas configuraciones conceptuales comprensivas. Debemos desprendernos de la noción de Metodología, debemos desprendernos de la noción de Investigación, debemos configurar nuevos términos decoloniales.

El proceso que proponemos es reflexivo-configurativo-decolonizante, es un hacer decolonial, a partir del observar comunal, el conversar alterativo y el reflexionar configurativo. Pero, ¿en qué se diferencia el hacer decolonial de otras actividades y procesos que realizamos en nuestras biopraxis cotidianas, y que no son consideradas científicas?, ¿debemos cambiar también el término ciencia?, ¿y si no es ciencia, qué es?, ¿arte?, ¿técnica?, ¿tecnología?Siempre hemos pensado que nosotros no investigamos, en realidad lo que hacemos es culturalizar, no es investigación, es cultura. Entonces, ¿es cultura decolonial?

Para nosotros resulta claro que no se trata de una investigación decolonial, no se trata de una metodología decolonial, tampoco es una anti-metodología ni una no-metodología. Es una hacer decolonial, representado en la cultura decolonizante, que se manifiesta por medio de tres acciones/criterios/condiciones/principios/huellas: observar comunal, conversar alterativoy reflexionar configurativo.

El hacer decolonial está configurado por las prácticas decoloniales.No es un investigar decolonialporque entonces el investigador coloniza al investigado. Las prácticasdecoloniales llevan a configurar y reflexionar sobre conocimientos “otros” que hacen válido el hacer “otro”, en función de configurar un poder “otro”[6]. Este proceso decolonizante es incluyente y generaparticipación, es un hacer. El hacer en conjunto, en grupo, en colectivo, es decir, un hacer decolonial.

El hacer decolonial no es metodología y tampoco es investigación. ¿Es ciencia?Y si no es investigación, entonces ¿qué validez científica tiene?Hemos dado pasos firmes hacia el desprendimiento epistemológico y metodológico al desengancharnos de las nociones de investigación, metodología, técnicas e investigador, pero no nos hemos desprendido aún de la noción de ciencia y epistemología. Nos cuesta mucho trabajo dejar de usarlas. El hacer decolonial es un conocimiento y una práctica que generan conocimientos “otros” que a su vez son producto de la metarreflexión de la realidad propia en un contexto determinado. Es decir, podríamos considerarlo ciencia, pero desde una perspectiva diferente, incluyente, pero igualmente válida para la educación, porque en última instancia, es la reflexión y los resultados de ésta lo que arroja un conocimiento que es útil, tiene validez epistémica y praxiológica. Podríamos denominarlo ciencia “otra”. Pero si es una ciencia “otra”, entonces ¿por qué no puede llamarse metodología “otra” o investigación “otra”?Utilizando una metáfora, podríamos decir que son como dos líneas paralelas. Esencialmente son líneas, pero sus direcciones nunca se encuentran. Asíocurre con la decolonialidad en tanto ciencia, aunque estamos más tentados en llamarle Cultura. Sea ciencia o sea cultura, existe, pero no se entrecruza con la ciencia clásica tradicional y dominante. La decolonialidad se autoconfigura al margen de la ciencia convencional, en los bordes, en la frontera. La decolonialidad es una “ciencia”/cultura fronteriza, indisciplinada y desobediente. Es una cultura propia que vive en los bordes fronterizos y se autoconfigura en/desde/por/para su propia realidad.

 

Conclusiones

Todo proceso decolonizante debe sustentarse en tres criterios invariantes: amar, reflexionar configurativo y conversar alterativo.Según Maturanay Dávila (2015), la biología humana se sustenta en la emoción del amar (no del amor como sustantivo sino del amar como verbo, que expresa una acción). Es necesario entonces configurar una “ciencia”/cultura del amar. Debemos configurar el observarcomunal, el conversar alterativo y el reflexionar configurativo, como acciones inmanentes del hacer decolonial.

Cuando el vivir de una persona no fluye en el amar es porque hay grietas y fisuras en la armonía y coherencia de la configuración de la personalidad, es decir, falencias en su educación, porque no hay verdadera educación sin amar, ya que la esencia constitutiva de los seres humanos al nacer es el amar.

No tiene sentido en una nación formar personas muy capaces, competentes, inteligentes, que no sepan amar. ¿Qué sentido tiene formar profesionales, magísteres y doctores que no sepan convivir con los demás? La principal cualidad que se debe conservar en el vivir humano y en su formación es la capacidad y compromiso de vivir en el amar.

La emoción determina la acción humana. No hay acción sin emoción. Son más de 600 emociones en las que podemos fluir los seres humanos. Una de ellas es el amar. Es la emoción mediante la cual aceptamos a los demás en el convivir cotidiano, como personas legítimas que merecen coexistir con nosotros, independientemente de su etnia, peso, tamaño, filiación política o religiosa, género, orientación sexual, nacionalidad, música preferida, alimentos que consume, ropa que usa, o hinchada a la que pertenezca en los partidos de futbol.

En la actividad “científica”/cultural, el amar se manifiesta cuando comprendemos a los actores del proceso decolonizante, cuando los aceptamos en el espacio epistémico, sin exigencias, sin condiciones. Cuando somos respetuosos, honestos, comprensivos, solidarios y afectuosos con ellos. No podemos exigir lo que no damos, y no podemos dar lo que no poseemos. Entonces debemos reflexionar sobre lo que exigimos, lo que damos y lo que poseemos. Debemos ser coherentes.Ahora bien, para configurar un hacer “otro” no basta con el amar, necesitamos además reflexionar. Realizar una reflexión sistémica, holística, que tenga en cuenta la complejidad del mundo humano y social. Necesitamos practicar el reflexionar configurativo.

El actor/hacedor decolonial configura cultura propia, no investiga, visibiliza. El investigador coloniza, invisibilidad, subalterniza.Debemos pensar y reflexionar para no ser pensados. Si dejamos pensarnos, permitimos que nos subalternicen. Hemos dejado que otros piensen por nosotros. Somos una sociedad de lo instantáneo. Ya no conversamos. El conversar nos libera, nos configura, nos forma y transforma. Conversar es una palabra que viene del latín y significa “dar vueltas juntos”. Debemos configurar un nuevo tipo de pensamiento dando vueltas, juntos.

El pensamiento y los métodos del siglo pasado no evitaron el despliegue de dos guerras mundiales. El pensamiento actual y futuro debe prevenir las guerras. Albert Einstein decía que es esencial un nuevo tipo de pensamiento si la humanidad quiere sobrevivir y avanzar hacia un nivel superior. Es por ello que asumimosla noción de Pensamiento Configuracional (Ortiz & Salcedo, 2014). Es un concepto holístico, integrador, que apela a la relacionalidad entre el amor, la paz, la armonía, el vivir en plenitud, la reflexión y la mirada relacional.Debemos aprovechar el potencial del reflexionar configurativo. Es un reflexionar limpio y puro, sin supuestos, sin aprioris y sin expectativas, reflexionar solo desde el propio reflexionar liberador, que es un reflexionar edificante.El hacer decolonial tiene que ser reflexivo. A las salidas de campo debemos ir a reflexionar.

En el reflexionar configuramos el mundo en que vivimos. Cada vez que una persona reflexiona tiene la posibilidad de volver a nacer, porque mediante los nuevos términos que utiliza y los nuevos contenidos de dichos términos, crea nuevas realidades.Esto no es trivial, para configurar una ciencia“otra” (decolonial) tenemos que configurar una nueva cultura, la cultura de la decolonialidad, ¿pero qué es cultura?, la cultura es una configuración de conversaciones, una trama o red de configuraciones lingüísticas. La cultura es un signo.Para configurar una cultura decolonial debemos comenzar a reflexionar sobre la decolonialidad y cómo cada uno de nosotros puede ser una persona decolonial, para luego entusiasmar, inspirar, encantary acoger a los demás con nuestra decolonialidad, mediante el conversar alterativo.

La entrevista en profundidad y la observación participante constituyen verdaderamente técnicas cualitativas de investigación, son herramientas e instrumentos epistémicos, mientras que el conversar alterativo no es una técnica (en lugar de ser un camino que nos conduce al conocimiento, es ya un lugar de conocimiento, una acción/huella decolonial). En el conversar alterativo se fraguan las configuraciones conceptuales comprensivas, las epistemes y conocimientos “otros” que configuramos entre todos, no sólo el actor decolonial observador, sino también los demás actores del proceso decolonizante, quienes también son observadores decoloniales.

Debemos aprovechar el potencial del conversar alterativo y el reflexionar configurativo, sin supuestos, sin aprioris y sin expectativas, solo desde el propio conversar liberador y el reflexionar edificante.La única forma de decolonizar las metodologías de la investigación es por medio de la decolonialidad holística, porque por nuestras venas corre la colonialidad del saber, el poder, el ser y el vivir. Es muy difícil configurar un hacer “otro” sin decolonizar el poder, el saber, el ser y el vivir. Y esto se logra mediante el conversar alterativo y la autodecolonialidad, entendida como el proceso mediante el cual nos autopurificamos, nos purificamos a nosotros mismos como actores y creadores decoloniales. Configuramos la decolonialidad.

El conversar alterativo es un conversar libre y espontáneo, sin exigencias, sin condiciones, sin expectativas, que permite encontrarnos en la emoción del candor, en la aceptación, sin esperar algo a cambio de lo que expreso libremente, desde mi sentir y mi pensar. El conversar alterativo es un conversar sin aprioris y sin supuestos. Y tiene que ser así porque cuando conversamos esperando que el otro sin reflexionar haga o asuma lo que nosotros decimos, entonces el conversar se convierte en un acto que perpetúa la colonialidad. De ahí la importancia, sentido y significado del amar, el observar comunaly el reflexionar configurativo, unidos al conversar alterativo, como criterios/principios/huellas/condiciones/acciones del proceso decolonizante.

Finalmente, los retos y desafíos de la “ciencia”/cultura decolonial son, en primer lugar, propiciar el amar, el observar comunal, el reflexionar configurativo y el conversar alterativoen los procesos decolonizantes. Los actoresdecoloniales debemos estimular y potenciar la capacidad de amar, observar, reflexionar y conversar (desde una perspectiva decolonial)en los actores que se entrelazancon nuestras biopraxis cotidianas. Pero para ello los actores decolonialesobservadores también debemos amar a los demás actores del hacer decolonial, reflexionar de manera configurativa sobre nuestra labor “científica”/cultural y conversar alterativamente y decolonialmente con ellos. Debemoscontinuar la ardua sendade la configuración de la teoría del hacer decolonial y desarrollar sus tres acciones básicas: observar comunal, conversar alterativo y reflexionar configurativo, que devienen en criterios/principios/huellas decoloniales.

 

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[1]Docente de planta de tiempo completo de la Universidad del Magdalena, Santa Marta, Colombia. Profesor del Doctorado en Ciencias de la Educación RUDECOLOMBIA-Universidad del Magdalena, Colombia. E-mail: alexanderortiz2009@gmail.com

[2]Docente de Ciencias Sociales en la I.E.D. Tucurinca, Magdalena, Colombia. Magíster en Educación de SUE Caribe-Universidad del Magdalena, Colombia. E-mail: mariaisarias2015@gmail.com

[3]Docente del nivel básico primario en la I.E.D. Thelma Rosa Arévalo, Zona Bananera, Magdalena, Colombia. Psicóloga social comunitaria. Magíster en Educación de SUE Caribe-Universidad del Magdalena, Colombia. E-mail: zairapedrozoc@gmail.com

[4] Un proceso decolonizante es aquel que propicia la comprensión crítica, reflexiva, creativa y configuracional de las intenciones, valores, motivaciones, postulados epistémicos y supuestos epistemológicosque subyacen y configuran las prácticas humanas.

[5]Las biopraxis humanas representan las actividades, acciones y operaciones más concretas y específicas que desarrolla una persona en su cotidianidad, en su vivir espontáneo cotidiano. Las biopraxis están conformadas por los fragmentos del vivir humano, los momentos e instantes que configuran su vida diaria.

[6]Recordemos que no hay justicia social sin justicia cognitiva (Santos, 2010). El poder se sustenta en el saber y deviene de éste.