Reseña de Sergio Zermeño (2018). Ensayos amargos sobre mi país. Del 68 al nuevo régimen, cincuenta años de ilusiones. Las improntas de los movimientos del 68. Colección: Sociología y política. Editorial: Siglo XXI Editores, México. 134 p. ISBN: 978-607-03-0924-3

Review of Sergio Zermeño (2018). Bitter essays about my country. From 68 to the new regime, fifty years of illusions. The imprints of the movements of 68. Collection: Sociology and politics. Published by Siglo XXI Editores, México. 134 p.

Jorge Alonso Sánchez[1]

 

 

Resumen

Una revisión latinoamericana sobre los movimientos estudiantiles del 68 ha destacado que en México hay más de medio centenar de libros sobre el movimiento de estudiantes y su represión. Uno de esos libros, de gran relevancia, es el que escribió en 1978 Sergio Zermeño con el título México, una democracia utópica (Siglo XXI Editores), que lleva ya once ediciones. Zermeño describió y analizó el ambiente, el movimiento, la represión y profundizó en el Estado mexicano. Profundizó en el sector profesional, en la base estudiantil, en los núcleos politizados de la izquierda y desentrañó los aspectos organizativos.

 

Palabras Claves: México, Democracia, Movimientos Sociales, Movimiento Estudiantil del 68, Violencia, Estado.

 

Summary

A Latin American review of the student movements of 1968 has highlighted that in Mexico there are more than fifty books on the movement of students and their repression. One of those books, of great relevance, is the one that Sergio Zermeño wrote in 1978 with the title Mexico, a utopian democracy (Siglo XXI Editores), which has already been published eleven times. Zermeño described and analyzed the environment, the movement, the repression and deepened in the Mexican State. He deepened in the professional sector, in the student base, in the politicized nuclei of the left and unrevealed the organizational aspects.

 

Key Words: Mexico, Democracy, Social Movements, Student Movement of 68, Violence, State.

 

 

Una revisión latinoamericana sobre los movimientos estudiantiles del 68 ha destacado que en México hay más de medio centenar de libros sobre el movimiento de estudiantes y su represión. Uno de esos libros, de gran relevancia, es el que escribió en 1978 Sergio Zermeño con el título México, una democracia utópica (Siglo XXI Editores), que lleva ya once ediciones. Zermeño describió y analizó el ambiente, el movimiento, la represión y profundizó en el Estado mexicano. Profundizó en el sector profesional, en la base estudiantil, en los núcleos politizados de la izquierda y desentrañó los aspectos organizativos.

Realizó una comparación con otros movimientos estudiantiles. Visualizó la contradicción entre al autoritarismo estatal y una sociedad que se estaba modernizando. El libro tiene una valiosa recopilación de datos. La Universidad Iberoamericana publicó en su revista correspondiente a octubre-noviembre de 2018 un número especial sobre el movimiento del 68. Uno de sus escritos llama la atención de que en ese año los Beatles estaban en su apogeo, se difundía la píldora anticonceptiva, el feminismo se encontraba en ebullición y los movimientos estudiantiles irrumpieron en diversos países. Otro autor enfatiza que el 68 fue una lucha por las libertades democráticas en un país asfixiado por la denominada dictadura perfecta.

Se destaca que lo más subversivo de dicho movimiento fue su organización democrática. Una entrevista a una militante recuerda que la lucha por la justicia ante la represión sigue estando en la agenda del presente. Hay quienes señalan que actualmente no se puede tratar Tlatelolco sin tocar el movimiento de Ayotzinapa. Un libro colectivo sobre los movimientos estudiantiles del 68 llama la atención sobre los énfasis de las tesis económicas, las demográficas, las culturales, las políticas y las multidimensionales.

Un elemento que no debe dejarse de lado ha sido que la mañana del 2 de octubre el gobierno engañó a los dirigentes haciéndoles creer que había disposición para el diálogo cuando la represión había sido cuidadosamente planeada. En cuanto al 68 europeo, Daniel Bensaïd nos dice que cuando pasaron los primeros diez años no había llegado el cambio anunciado, y que, entado el siglo XXI, se había ido ahogando en la ideología dominante; sin embargo, se lograba ver que había varios espíritus del 68 que se oponían tanto a su confiscación liberal como a su denigración. Y levantó una fuerte protesta contra los renegados del espíritu original del 68[2]. Finalmente, a cincuenta años, desde el mirador mexicano Sergio Zermeño nos muestra que las demandas puntuales del movimiento no fueron atendidas y pareció que la protesta se fue diluyendo; pero que el largo plazo permite ver que ha habido una victoria política y cultural.

Sergio Zermeño nos ofrece ahora una revisión sintética y de gran alcance en su libro Ensayos amargos sobre mi país. Del 68 al nuevo régimen, cincuenta años de ilusiones (Siglo XXI Editores). Nos llama la atención que el 68 hizo caer las barreras del conservadurismo. La represión sangrienta, inmisericorde y bárbara del 2 de octubre pagó el costo para que México transitara a la democracia. Se quiso alcanzar algo nuevo, que ha tardado en llegar.

En su primer ensayo titulado “Demócratas primitivos”, este libro explora lo que permanece, contrastándolo con lo que ha cambiado. Se trata de una larga mirada de medio siglo. Apunta que algo fundamental del 68 fue que era una revuelta lúdica y libertaria. Nuestra actualidad es, en cambio, un país hundido en la corrupción y la violencia. La sociedad civil se ha mostrado débil para controlar a los poderosos. Argumenta Zermeño que un grave problema es la cultura estatal y la ambición de poder.

La matanza del ejército sigue siendo ahora una herida abierta. El autor considera que en el 68 se podían ubicar cuatro vertientes: los demócratas cultivados, los demócratas reformistas, los demócratas revolucionarios y los demócratas libertarios. No habría que olvidar que se dio un fuerte despertar, que hubo una batalla por derechos elementales y que se presentó una revuelta cultural contra el autoritarismo. Había una vertiente negociadora y otra radical. Prevaleció una estructura vanguardista tradicional. La respuesta gubernamental no alentó la interlocución y fue furibunda, con muerte, persecución y cárcel. Surgió la guerrilla urbana, y se multiplicaron organizaciones populares de diverso tipo, entre ellas un sindicalismo independiente. El gobierno tuvo que abrirse posteriormente a una reforma política que legalizó partidos de izquierda y de derecha.

En ese lapso triunfó una posición demócrata liberal. A mediados de la década de los ochenta con el terremoto que destruyó gran parte de la capital se suscitó un despertar cívico solidario que fructificó en nuevas organizaciones urbano-populares. Ante los reclamos democratizadores el gobierno volvió a responder con un descarado fraude electoral en el 88. Vino la fundación de un nuevo partido de izquierda. En el 94 el país se cimbró con la irrupción del movimiento indígena zapatista, que fructificó en la organización autónoma de los caracoles. Hubo varias expresiones de movimientos altermundistas.

A mediados de la primera década del siglo XXI aparecieron los potentes movimientos populares de Atenco y de los pueblos de Oaxaca, pero fueron reprimidos. Se fue difundiendo el poder del narco y el gobierno respondió con una guerra contra el pueblo y contra las expresiones de múltiples protestas. El autor evalúa que el 68 fructificó en cambios de costumbres y en modificaciones en las artes y en la música. Considera que la fiesta libertaria maduró, aunque se instaló el consumismo, el individualismo y el conservadurismo. Esta mirada de amplio aliento ofrece un balance del 68 con miras a la reconstrucción de un país, doliente y con muchos daños.

En el segundo ensayo, el autor regresa su mirada para analizar desde qué ángulo vivió los acontecimientos del 68. Su participación principal era como editor de materiales del movimiento. Nos cuenta su experiencia de la toma de la universidad por el ejército, su encarcelamiento, y cómo logró ser liberado. Después de la masacre salió de la capital para hacer un recorrido por el sureste del país.

El tercer ensayo profundiza en la matanza del 2 de octubre. A los 25 años se conformó la comisión de la verdad. Como se dijo que se había tratado de un genocidio, esto entrampó en discusiones leguleyas. Enlista todos los acercamientos y sus fuentes. En medio de la confusión, un referente es que hubo un fuego cruzado desde diferentes ángulos. Según el entonces Secretario de la Defensa Nacional el presidente Díaz Ordaz le dio amplio margen a un colaborador, jefe del Estado Mayor Presidencial, el que le exhortó a violar la Constitución. Se mandó a francotiradores a atacar a estudiantes, y hubo civiles que atacaron al ejército y a estudiantes. El Secretario de la Defensa de entonces exoneró al Presidente, al ejército, y por supuesto a sí mismo.

El periodista fundador del semanario Proceso recibió de ese personaje sus notas y se preguntó si Estados Unidos intervino. Pero esos datos no han sido todavía descalificados. Ciertamente la CIA estuvo involucrada invocando conjuras comunistas. Hay un escenario que coloca a Díaz Ordaz muy cercano a la CIA, quien tuvo que ver con la mano dura contra los ferrocarrileros a finales de los cincuenta, contra el movimiento democratizador potosino navista a principios de los sesenta, de la represión del movimiento médico y de varias expresiones locales estudiantiles en varios estados; se le involucra en el asesinato de un dirigente priista que no se sometió, y tuvo que ver con varios fraudes electorales.

Personajes del gobierno llegaron a decir que el Secretario de la Defensa no quiso dar un golpe de Estado. Otros datos relevantes son que los jefes policíacos habían sido entrenados en Estados Unidos. Entre el conjunto de escenarios que se han ido presentando se encuentra también el hecho de que había fricciones en el gabinete con miras a la sucesión presidencial, y que el Secretario de Gobernación que posteriormente fue el ungido, había manipulado a su favor los acontecimientos del 68.

Otro factor que intervenía era el papel de los juegos olímpicos que debían comenzar en el mes de octubre. Sergio Aguayo ha escrito que Díaz Ordaz giró órdenes diferentes al equipo Zorro, al Batallón Olimpia, a la Federal de Seguridad y al ejército. Estaba dispuesto a sacrificar la vida de uniformados, policías y civiles para amedrentar al movimiento, justificar la detención de líderes y acabar con protestas antes del inicio de las olimpiadas. Se dice que hubo paramilitares del Distrito Federal. Montemayor escribió que una emboscada al ejército no la efectuó un grupo de una decena de francotiradores, sino que hubo acción coordinada de diversos comandos. Echeverría mandó filtrar 120 mil pies de cintas de 35 milímetros (22 horas de grabación), pero no se conoce todo el material, y faltan elementos para cerrar una versión integral. Este texto es muy rico en información y en acercamientos desde diversos ángulos. Yendo a lo que está detrás de todo esto, el autor hace ver que hubo provocación por parte del Estado y una inexplicable violencia. Recuerda los intentos de diálogo que no fructificaron, cuando lo que prevaleció fue la provocación por medio de infiltrados. No habría que olvidar que el ejército violó la autonomía universitaria al tomar las instalaciones de la UNAM.

El cuarto ensayo se adentra en los caminos políticos de aquella generación. El autor se refiere a un México roto. Prevalecía la perspectiva izquierdista de la toma del poder, ante esto en América Latina hubo golpes de Estado y aniquilamiento de la izquierda. En México, además de la represión sangrienta del movimiento estudiantil, hubo una batida contra la guerrilla, pero no se dio un golpe de Estado ni se exterminó a la izquierda. Vino la reforma política que dio amnistía a los guerrilleros y legalizó varias organizaciones de izquierda. Se fortaleció la vía electoral. Hubo organizaciones de la sociedad civil que enfrentaron situaciones de pobreza, situaciones precarias de mujeres y niños, y otros asuntos sociales. Se fortaleció la institucionalidad democrática y electoral, por un lado, y se diversificaron los actores en el plano social. Fue generándose la visión de ganar el poder electoralmente para poder realizar cambios importantes. Al margen de esto se dio una dinámica de una política popular. Estudiantes se insertaron en colonias, poblados y sindicatos. No se quería ir a la cúspide de la pirámide, sino a su base. Emergieron organizaciones de base en colonias populares. Sin embargo, esto se fue quedando en esfuerzos minoritarios. La gran parte de la actividad se la llevó el tránsito electoral a la democracia. Fue imponiéndose la visión y las formas de actuar neoliberales. No obstante, no dejó de aparece una tendencia de abajo anticapitalista. El movimiento estudiantil del 99 impidió la privatización de la universidad. El movimiento de defensa de la tierra de Atenco logró frenar el megaproyecto de un aeropuerto. El movimiento zapatista transitó a la autonomía de base en los hechos cotidianos. El autor consideró que estos movimientos al radicalizarse perdieron un impacto mayor. Tal vez se quedó con la visión general, pero hubiera sido interesante que profundizara en los logros reales cotidianos y de ese caminar en silencio que ha ido transformando lenta pero profundamente relaciones sociales. Considera que el movimiento de 2012 del #YoSoy132 impulsó la democratización de las telecomunicaciones, y se ha convertido en un apoyo de otro movimiento muy relevante, el de Ayotzinapa. Si su organización en sí se marchitó, tal vez su influencia en otras iniciativas de cambio permanezca. En la primera década del siglo XXI en América del Sur hubo un giro hacia la izquierda; pero en México eso no se pudo lograr. No obstante, la izquierda partidista fue creciendo en curules y gobiernos locales. El énfasis electoral fue produciendo un desapego de las luchas sociales, y llevó a un pragmatismo de alianzas lejanas a sus viejos principios. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) aceptó participar en el llamado Pacto por México que avaló reformas estructurales neoliberales. Esto propició que los descontentos fueran nutriendo un movimiento partido liderado por López Obrador que se pronunció en contra de dichas reformas. Así surgió Morena, cercenando militantes al antiguo perredismo y que ha centrado sus luchas en el nacionalismo y la anticorrupción. Este movimiento ha ido apoyando proyectos avanzados en educación, salud y medio ambiente. Lejos está de ser una propuesta anticapitalista, pero tiene impulsos antineoliberales. Por su parte, el PRD se ha ido desdibujando y debilitándose. Plantea que una izquierda centrada en el tránsito a la democracia electoral no prestó atención a la economía social y popular.  El conjunto, según el autor, es un México roto y disperso. El autor ve un México en lo tradicional con débil articulación hacia la economía globalizada, y donde la economía informal da algún enlace. Considera que el espacio común de estos sectores está amenazado más que por el saqueo, por la degradación debido al abandono, la pobreza y la delincuencia. Se trata de un espacio en crecimiento generado por la globalización excluyente. Calcula que en eso se encuentran 6 de cada 10 mexicanos. Hay una corriente de izquierda que está convencida de la defensa de lo colectivo de los bienes comunes, que responde al México profundo. Los pueblos originarios han estado resistiendo los embates y despojos del neoliberalismo. Este México estaría lejos de la tragedia de la sociedad rota que describió anteriormente. El autor propone fortalecer una izquierda preocupada por la reconstrucción social, basista, no clientelar, que reconstruya la confianza y comunicación entre la población y llevar adelante espacios de cooperativismo. Exhorta a una izquierda social que olvide la búsqueda del poder y enfrente los retos de asociar a las personas en el desempeño de una actividad productiva. No vegetar en pequeños emprendimientos en los sótanos de la economía neoliberal, sino paso a paso construir un sector no capitalista de economía solidaria. Apunta a lograr interconexiones con otras regiones de su mismo género en un apoyo confederal de comunidades similares y vecinos. Está convencido de que, siendo un trabajo largo, es una utopía posible. Ante esto ve que es indispensable el concurso de políticas estatales. De pasada dice que la postura reacia a esto por parte de los zapatistas no ayuda a este propósito. Tal vez valdría la pena explorar cómo la política social ha desarticulado la producción en las zonas rurales, y que lo logrado por el zapatismo y otros esfuerzos similares ha ido teniendo una solidez pese a todos los embates y problemas. El autor se centra en la necesidad de un Estado que fortalezca las regiones. Precisa que hay que incluir a los excluidos, pero no clientelarmente. Propone reconstruir las condiciones humanas para vivir en las regiones donde la sociedad civil sea capaz de contener la gran política y la gran economía.

El quinto ensayo explora la posibilidad de que en medio de la violencia y la degradación se pueda mejorar la vida de los mexicanos reconstruyendo la vida de las personas en sus espacios cotidianos. Insiste en una reconstrucción solidaria del México roto, en enfrentar juntos el desastre. Esto implica no quedarse en medidas asistenciales, puntuales, pasajeras. Y da ejemplos de la destrucción del tejido social: mujeres con muy bajos salarios, con triple jornada (laboral, doméstica, barrial), aumento de femicidios, incremento de violencia mortífera asociada al narcotráfico. Pero muestra que un equipo interdisciplinario que ha comandado se ha encontrado y estudiado con profundidad varias experiencias de asociacionismo. Se vuelve a proponer el reforzamiento o reconfiguración de unidades territoriales medias, no como idea general, sino como prácticas reales. La cuestión de la escala resulta fundamental. Pues se necesitan unidades no tan pequeñas que queden aplastadas por poderes superiores, ni tan extensas que no puedan evitar el poder de burocracias distantes. Otro punto tiene que ver con el fomento de plataformas participativas para la formación de consensos. Ahí se discuten los problemas, se imaginan soluciones y se evalúan planes. Hay que hacer revisiones periódicas. Hay que impulsar la construcción de espacios deliberativos. Los caracoles zapatistas podrían ser un buen ejemplo de que esto es posible. Otro elemento que destaca el autor es la articulación de estos esfuerzos con saberes universitarios. Las universidades deberían profundizar en saberes ligados a problemas de exclusión, precariedad, violencia, prevención del delito, salud reproductiva, acompañamiento en plataformas participativas. Se tienen que socializar perspectivas. Hay que hacer converger políticas públicas y privadas con las necesidades y los lineamientos de las plataformas participativas. Todo esto no se genera en reflexiones generales sino en casos concretos y factibles. El autor advierte que no hay que olvidar que las experiencias hay que impulsarlas en espacios donde la conflictividad es alta y la cohesión es baja, el tejido social está destrozado o es inexistente. Ante la exclusión, la pobreza, la violencia, el desempleo y el empleo precario habría que explorar caminos alternativos. Apunta que la gente se suele asociar para hacer frente a la delincuencia por medio de organizar vigilancia y autodefensa.

El libro destaca el papel del Estado, pues nos encontramos ante las grandes corporaciones transnacionales respaldadas por el Estado. No obstante, ve que se necesita una entidad estatal capaz de detener el saqueo. Y para que la autoridad estatal no quede acorralada por los grandes poderes se necesita apoyarse en la densificación social, en la democratización de la democracia, en el fortalecimiento de sujetos sociales en espacios que puedan defender. Resalta que todo esto se sale del ámbito electoral. El autor llama la atención de que el estado es una compleja red de relaciones dominada por el capitalismo, que los estados se usan para reprimir las protestas sociales; pero se pregunta si no hay que luchar por el control de parcelas importantes de administraciones locales. Se pregunta si fue correcto que el zapatismo se deslindara de López Obrador. Opina que no hay que renunciar a toda articulación desde una sociedad empoderada para que el Estado cumpla sus obligaciones con sus ciudadanos. Piensa que esa es la propuesta del mandar obedeciendo, que desde el Estado se desplieguen acciones a favor de las clases oprimidas. Aunque la propuesta zapatista no es más radical, que quienes sean autoridad obedezcan lo que dice y manda el pueblo. El autor está convencido de que no puede uno desentenderse del poder, por lo que aconseja tener un pie dentro y otro fuera.

Plantea Zermeño los pasos que ha ido detectando en sus exploraciones y experimentaciones: un primer paso tendría que ver con el restablecimiento de la confianza colectiva, consolidando una plataforma participativa, además de incubar y re-educar liderazgos sociales. Propone talleres de prevención del delito y adicciones, de embarazos en adolescentes, alarmas vecinales, actividades deportivas, procesamiento de residuos sólidos); un segundo paso tiene que ver con la reconstrucción social y solidaria (guarderías, unidades de ancianos, mejoramiento del transporte, distribución de agua, cocinas colectivas). El tercer paso implicaría redes de comercio, cajas de ahorro, bancos mutualistas. Un cuarto paso tendría que ver con actividades productivas. Finalmente se proponen actividades empresariales cooperativas. Considera el autor que se debe pasar de la mirada en la que ha estado últimamente la izquierda, a privilegiar una mirada social, a reconstruir el poder en lo social.

El autor tiene en cuenta que hay problemas, contradicciones y escollos, entre los que señala la politización del asociacionismo y las identidades. No deja de ver los problemas que han tenido las cajas y bancos mutualistas, la división y cooptación de fórmulas de autodefensa, la criminalización de la defensa del medio ambiente. Un problema grave se encuentra en la intromisión de las grandes corporaciones transnacionales en la vida de las comunidades. Sus análisis y propuestas provienen de una larga experiencia de una investigación acción que ha estado promoviendo desde la UNAM.

El último ensayo y el anterior no son precisamente amargos sino esperanzadores. Abre a búsquedas de guías conceptuales. Critica las ciencias sociales que no ofrezcan concepciones con capacidad de acción. Se ven pistas que ofrecen un plano compartido. Detecta que existe una globalización contrahegemónica. Señala la existencia de islotes de pensamiento creativo crítico que abren alternativas. Invita a tratar de entender los movimientos libertarios, y atisbar las lecciones benéficas. Insiste en que las ciencias sociales no pueden reducirse a actividades técnicas, aunque deben cuidar de ser útiles.

Lamenta que los estudios preocupados por mejorar el estado deplorable en que el neoliberalismo ha colocado a amplios sectores desprotegidos haya sido abandonado o convertido en un terreno meramente estadístico, y que poco ha fomentado un cuerpo teórico y metodológico capaz de recomponer el tejido social y que acerque instrumentos para que dichos sectores puedan enfrentar colectivamente su situación. Critica que muchas investigaciones de ciencias sociales refuercen lo institucional y desatiendan el estado deplorable de la salud social.

Recapitulando evalúa que con el 68 algo se volvió distinto. Nos encontramos ante abultadas cifras de asesinatos, desapariciones, secuestros, femicidios, migrantes en peligro, periodistas asesinados, fraudes electorales. Pero el 68 todavía nos puede inspirar adoptar un espíritu libertario. Estamos ante un libro que aporta una gran cantidad de datos, abre a análisis y tiene propuestas factibles de cambio social. Su lectura interpela y abre a un panorama esperanzado.

Me atrevería a sugerir que se escucharan los planteamientos por los cuales los zapatistas no confían en López Obrador. Lo han dicho de muchas formas durante los recorridos de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno. El Congreso Nacional Indígena también ha ahondado en sus explicaciones. Sintéticamente, han apuntado a los megaproyectos que el nuevo gobierno ha anunciado, a la expansión de las Zonas Económicas Especiales. Se han opuesto a la oferta hecha desde el lopezobradorismo para que sigan invirtiendo las empresas mineras que ya tienen concesionadas grandes extensiones de los territorios indígenas.

No están de acuerdo con el anuncio de que las corporaciones militares sigan en las calles. Han hecho ver que, de aprobarse los Acuerdos de San Andrés en el actual contexto, estando vigentes las sucesivas reformas al artículo 27 constitucional que han transformado la tierra en mercancía y han puesto las riquezas del subsuelo en manos de las grandes empresas, sin acabar con los regímenes de concesiones de aguas, minería, bienes nacionales e hidrocarburos, sin imponer límites al poder imperial derogando el actual Tratado de Libre Comercio y limitando severamente a las grandes corporaciones trasnacionales, sin destruir el control que los grandes cárteles de la delincuencia ejercen apoyados en las corporaciones militares sobre nuestros territorios, estarían viviendo, en el mejor de los casos, una burda ilusión. [3]

He invitado al autor de este deslumbrante libro a asomarse a la experiencia kurda en la actualidad. Los kurdos han llamado la atención sobre la existencia de una civilización democrática no estatizada. Ven a la democracia como algo diferente al Estado, porque es la administración llevada a cabo por el pueblo sin la forma de Estado. Consideran que se necesita una democracia que no se convierta en Estado. Mientras se construye, buscan una interrelación entre las formas de Estado y democracia menos conflictivas. Un sistema democrático satisface a la sociedad por medio de la gestión común. Cuando las comunidades alcanzan a decidir y actuar sobre sus asuntos, entonces serán una sociedad democrática. Invitan a no confundir los procesos de toma de decisión democrática con la administración pública. Mientras los Estados administran, las democracias gobiernan; mientras los Estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo.

El Estado usa la coerción, las democracias usan elecciones directas y la participación. Se pronuncian los kurdos por una administración de la nación democrática partiendo de confederaciones democráticas, locales, regionales, nacionales, mundiales. Se busca una autoridad social, un sistema de auto organización democrática de forma de confederación. La sociedad debe auto-gobernarse. Esto es un proceso largo y continuo. Insisten en que la estructura heterogénea de la sociedad está en contradicción con el centralismo estatal. Las luchas contra las estructuras estatistas y jerárquicas implican la creación de formas de hacer que no estén orientadas hacia un Estado, sino que conduzcan a una sociedad democrática y ecológica con la libertad de ambos sexos. [4]

Sergio Zermeño me hizo saber que la experiencia, sobre todo de las kurdas, le había clarificado “la liga orgánica entre mujer, naturaleza, sociedad y territorio manejable por los humanos, las humanas”. Veía que “la condición de pueblo oprimido se trasmina en mujer oprimida, naturaleza destruida y la mezcla se vuelve, en efecto, amenazante para el orden instituido, para el Estado y para la condición masculina”. La experiencia kurda puede ofrecer pistas para la reconstrucción social que tanto necesitamos. La lectura de este nuevo libro de Sergio Zermeño propiciará reflexiones en ese sentido.


PORTADA DEL LIBRO

 

 

 



[1] Doctor en Antropología Social, Profesor Emérito del CIESAS- Occidente (México). Actualmente trabaja líneas de investigación en el campo de la antropología, política, sociedad y estudios políticos en América Latina y el Caribe. Correo: jalonso@ciesas.edu.mx

[2] Daniel Bensaïd, Une lente impatience, París, Broché, 2004.

[3] http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/10/14/pronunciamiento-de-la-segunda-asamblea-nacional-del-congreso-nacional-indigena-concejo-indigena-de-gobierno/

 

[4] Abdullah Öcalan, Orígenes de la civilización, Venezuela, Fondo Editorial Ambrosía, 2017

Abdullah Öcalan, Civilización capitalista, Venezuela, Fondo Editorial Ambrosía, 2017.

Abdullah Öcalan, Confederalismo democrático, Colonia, International Iniciative Edition, 2012

Abdullah Öcalan, Guerra y paz en el Kurdistán, Colonia, International Iniciative Edition, , 2013

Abdullah Öcalan, Liberar la vida: la revolución de las mujeres, International Iniciative Edition , 2013

Abdullah Öcalan, “Kurdistán. La revolución es femenina”, 2015, http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/01/02/kurdistan-la-revolucion-es-femenina-por-abdullah-ocalan/

 

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